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Recorridos

Charles Dickens

Segundo centenario de su nacimiento

Portsmouth, 1812 - Gadshill, 1870


La obra dickensiana siempre está presente, de una forma u otra, en nuestra realidad cotidiana. Más de lo que creemos. Ya sea porque se reeditan sus obras, ya sea porque alguna de ellas se traslada a la gran pantalla (como es el caso de Oliver Twist, de Roman Polanski o las Grandes esperanzas de Alfonso Cuarón) la acidez e ironía de su literatura resplandecen, imperecederas, sobre las estanterías de nuestro presente. No en vano muchos han visto en varios capítulos de la ultrapresente y epifánica Lost su alma y su inventiva: desde la obsesión por Historia de dos ciudades de algunos de los habitantes de la isla hasta las referencias indirectas a su universo. Clint Eastwood, en su última Hereafter -y no era la primera vez a lo largo de su dilatada carrera- parecía enamorarse también de la prosa dickensiana, o al menos eso parecía a través de uno de sus personajes, un médium que tenía, todavía, la capacidad de conectar a los vivos con algunos muertos.

Sea como fuere, por ello, y sobre todo porque sus palabras siguen brillando en el altar de las letras universales de todos los tiempos, la traducción de la nueva biografía del talentoso y versátil Peter Ackroyd, novelista, también: Dickens. El observador solitario. Vayamos al fondo de la voz de Dickens y leamos en voz alta un mosaico trazado por algunos de los fragmentos más significativos de su colección:


Tenía mi cabeza sujeta como en un tubo; pero yo me retorcía a su alrededor rogándole que no me pegase. Se detuvo un momento, pero sólo un momento, pues un instante después me pegaba del modo más odioso.. David Copperfield

A lo largo de las calles de París avanzaban con estruendo los toscos y trágicos carros de la muerte. (...) Vuélvelas a lo que eran antes, Tiempo, tú que eres un poderoso mago, y se verán las carrozas de monarcas absolutos, los equipajes de nobles feudales, los vestidos de rutilantes jezabeles, las iglesias que no son la casa de mi padre, sino guaridas de ladrones, las chozas de millones de hambrientos campesinos.Historia de dos ciudades.

Un espeso vaho se levantaba perpetuamente de los humeantes cuerpos del ganado y se mezclaba con la niebla, que parecía descansar sobre los extremos de las chimeneas, colgando pesadamente sobre ellas...Campesinos, carniceros, rebaños, mercaderes, muchachos, desocupados y vagabundos de baja estofa, se mezclaban en una masa densa.Oliver Twist.

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