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Inge Feltrinelli (1930 - 2018)

20.09.2018
Ha muerto la reina del mundo editorial. Así despiden hoy la mayoría de cabeceras periodísticas más importantes de Italia a Inge Feltrinelli, una de las editoras más importantes e influyentes del panorama internacional, una mujer que durante más de 45 años ha dirigido la editorial homónima, auténtico fermento cultural literario de la izquierda italiana, y, por qué no decirlo, también de la europea. Con su sonrisa perenne, su acento alemán y su savoir-faire fue, seguramente, la editora más conocida entre el público transalpino. Y las más combativa.

Detrás de sí deja un gran legado de historias y pasiones, un pezzettino di novecento, entre ellas, la editorial Feltrinelli. Salvadora del grupo después que Giangiacomo Feltrinelli, escondido en la clandestinidad revolucionaria, fuera encontrado muerto en el ’72, Inge tomó las riendas del proyecto en un momento crítico y supo propiciar la sucesión y el desarrollo profesional de su hijo Carlo, quién sigue al frente del sello.

Su pasión de juventud, la fotografía, la llevó a conocer a Hemingway, Picasso, Simone de Beauvoir, Marc Chagall, JFK, Fidel Castro, Sofia Loren, Anna Magnani, entre tantos otros, hasta que el destino quiso que se encontrara, en 1958, con Giangiacomo, un joven editor milanés que ya había dado al mundo dos obras universales, El doctor Zhivago de Pasternak y El Gatopardo, de Lampedusa. Así que Inge Schöntal pasó a ser Inge Feltrinelli.  Con ella, una parte del novecento desaparece.

Inge, que la tierra te sea leve.  

Oriol Pastor


Discurso de Jorge Herralde en la inauguración de la librería La Central de Callao en Madrid (2012)

Me siento muy feliz al participar en este acto, en esta inauguración tan simbólica, tan a contracorriente de los muy aciagos pronósticos con que nos bombardean desde hace años y también de las difíciles realidades que debemos afrontar día tras día. Y compartir este escenario con mi gran amiga ya desde finales de los 60 Inge Feltrinelli, con nuestro reciente Nobel Mario Vargas Llosa, amigo también de aquellos tiempos en los que vivía en Barcelona, en el barrio de Sarrià, muy cerca de la entonces recién nacida Anagrama, y de Alessandro Baricco, admirado y querido autor desde hace muchos años.

Esta gran librería es el fruto de la conjunción entre La Central, que nació en Barcelona en 1995 y Feltrinelli, cuyas primeras librerías datan, creo, de 1957 y ascienden ahora a 106 o quizá 107, la velocidad de crucero es endiablada. En cualquier caso, la de Feltrinelli es una experiencia singular, quizá única en Europa, de una potente editorial con una potentísima red de librerías que han tenido una importancia capital para la cultura y desde luego para las editoriales italianas.

En cuanto a La Central, es uno de los ejemplos más claros de la similitud entre la edición y la librería vocacionales. Es decir, la forma de escoger o excluir y de enaltecer determinados autores, títulos, tendencias culturales es muy similar a la configuración de un catálogo editorial y las estrategias para su visibilidad. Y esta determinación persistente, tenaz y siempre con las antenas desplegadas, es lo que conforma su identidad.

La Central no es la única librería con estas características, desde luego. En nuestro país subsiste una excelente tradición librera. Por citar ejemplos obvios están las librerías Antonio Machado en Madrid, o Laie en Barcelona. Y también esas librerías en tantas ciudades, en que también son más que una librería, que actúan como activos agentes culturales.
Y éstas son el tipo de librerías en las que se produce reiteradamente el efecto serendipity. Es decir, no sólo encuentras en ellas los libros que buscabas (o te los consiguen de inmediato), sino que el visitante curioso, de repente, se topa con libros impensables, a menudo de escritores semisecretos, o con libros muy minoritarios pero fundamentales, o rarezas de pequeños y vivaces sellos editoriales o etcétera, etcétera. A mí me ha pasado en La Central en muchas ocasiones, y se advierte que estos hallazgos inesperados mientras buscas otras cosas, que parecen pura serendipity, o dicho en castizo pura chiripa, pero que obedecen en realidad a una política librera sabia y frondosamente planificada.

La incombustible Inge fue entrevistada por Juan Cruz en su reciente libro, publicado por Ivory Press, Un oficio de locos (los locos parece que somos nosotros, los editores, y si además son libreros, con mayor motivo). Inge afirmaba rotundamente: “El libro seguirá adelante. El libro seguirá siempre. Hemos creado más de cien librerías Feltrinelli, y ésa es una señal del optimismo que nos ayuda a seguir adelante”. Y también subrayaba el leitmotiv de Giangiacomo, su marido y fundador de la editorial y las librerías, “contribuir a cambiar la sociedad”,  y promover nuevos autores, conseguir nuevos lectores.

El propio Giangiacomo, en su primer catálogo histórico “Feltrinelli 1955-1965”, pese a su claro compromiso político, ya advertía con lucidez que no todos los libros pueden ser  de estudio y estímulo intelectual, sino que deben coexistir con los de información y divertimento. Es decir, radicalidad pero también adecuación a la realidad, flexibilidad, cintura. Y subraya la importancia para un país de la difusión de la cultura, y afirmaba que “un editor no es nada, sólo un vehículo, una carreta que transporta mensajes”, pero que puede concebir su oficio a partir de una hipótesis de trabajo muy arriesgada: que “todo, absolutamente todo, debe cambiar y cambiará”.

Carlo Feltrinelli, al frente desde hace muchos años de la editorial y de las librerías, a cuya expansión tanto ha contribuido, recuerda en su libro Senior Service que la consigna era inducir a toda costa a que la gente comprara libros, y así, desde los inicios, se estudió rigurosamente la localización precisa de las librerías, la innovación constante en el seno de las mismas. Evoca, por ejemplo, el sobresalto provocado en la librería Feltrinelli de Roma en la que los adolescentes se arracimaban en torno a una jukebox en el interior de la misma, atentos a la música de la jukebox, pero entre libros. Y así sucesivamente, innovaciones y reajustes, suma y sigue, hasta ahora mismo, aquí en Madrid, con esta espléndida librería que nos procura a la vez sosiego y exaltación, algo aparentemente contradictorio, pero que no lo es: el sosiego al entrar en un territorio acogedor, civilizado e imaginativo y la exaltación ante sus propuestas lectoras.

Por último, quiero agradecer a Antonio Ramírez y Marta Ramoneda, y a todos sus asociados y colaboradores de La Central, y a Carlo Feltrinelli y a su equipo, con mención especial al arquitecto Miguel Sal, responsable de tantas librerías Feltrinelli, esta exhibición de “optimismo de la voluntad”, tan atípico hoy y por ello más necesario que nunca. Gracias, pues, y deseo que contéis con toda la suerte precisa, ya que la profesionalidad y la imaginación están ya sobradamente demostradas.

Jorge Herralde
Barcelona, septiembre de 2012
 




 
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