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Recorridos

Harold Bloom

Nueva York, 11 de julio de 1930

Harold Bloom aprendió yiddish antes que inglés. Esto podría darnos pistas alrededor de esa manía suya, casi ya, por la palabra. Eterno estudiante y lector, vinculado a las universidades de Cornell, Yale y profesor de la Universidad de Nueva York desde 1988, Harold Bloom es el autor de referencia de una cierta manera de hacer teoría y crítica literaria.

En los tiempos dorados de la charlatanería, él aboga por un método claro e infalible: haber leído, sí, a bastamente, los autores de los que se hablan -no siempre es evidente- y detectar las influencias de los unos respecto a los otros. No en vano el concepto clave, y muy controvertido, de su pensamiento es lo que denomina 'angustia de la influencia': una pugna creativa experimentada por todo creador con respecto a sus antecesores, en la cual se evidencian 'las sombrías verdades de la competencia y la contaminación'.

A estas alturas son casi veinte sus obras de crítica literaria y religiosa; incontables son sus artículos, reseñas y prólogos. Y aunque se dio a conocer ya en 1959 con Shelley's Mythmaking -libro al que siguieron otros dos títulos que en su momento constituyeron innovadoras aproximaciones a los principales poetas románticos ingleses- hay dos títulos que le han distinguido por encima de los demás: The anxiety of influence, precisamente, publicado en 1973 y The Western Canon, del año 1994. Fue la publicación de este último título el que levantó ampollas, acusado de poco relativista, falocéntrico, blanco y sesgado, y puso a gran parte de la comunidad académica en contra de Bloom. Ya sus primeras obras habían dado lugar a acaloradas polémicas en la comunidad académica, pero fue esta la que provocó la urticaria generalizada.

Harold Bloom no cejó en su empeño de establecer un cánon occidental suficientemente sólido y compacto como para seguir las huellas de una tradición abierta a nuevos genios. William McPheron, de la Universidad de Stanford, dijo de Bloom que era un 'insatisfecho con los estilos del pensamiento académico' predominante en aquellos años, y que desarrolló 'una visión personal de la naturaleza y el valor de la literatura.' Leer a Bloom se ha convertido en un placer algo más que complementario, una manera de entender la literatura y la creación, una apuesta por la literatura.

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