BN

Weinrichter, Antonio

Mystère Marker. Pasajes en la obra de Chris Marker

  • Editorial: T & B Editores
  • Páginas: 321
  • Año: 2006
  • Precio: 18.00 €
  • EAN: 9788496576131

Se sabe que se sabe poco de Chris Marker. La vieja leyenda que podía figurar en su tarjeta de presentación -Escritor, fotógrafo, cineasta, viajero- ya ha quedado anticuada. Probemos con una descripción más amplia, ésta pergeñada por Roger Tailleur al principio de la carrera del cineasta: Es sencillo, Chris Marker es un escritor cazador de imágenes, un viajero meditativo, un ciudadano del mundo que se expresa en francés, un humanista miembro del spca, un documentalista musical, un idealista dialéctico. Tampoco así se da rendida cuenta de quien, varias décadas después, se destapa como videoartista y ´bricoleur´ tecnológico, realizando un videoclip a los 69 años, una instalación a los 74 y un cd-rom a los 76... Marker, en efecto, había empezado a trabajar con las nuevas tecnologías y a presentar el resultado en museos y galerías. Rebasar así los límites de la institución cinematográfica en un despliegue de actividad insólito en un octogenario no ha servido para hacer más asequible su obra, dividida entre los comisarios que la programan sin conocer quizá su prolífica filmografía y los cauces cinematográficos que se limitan a proyectar obras en monocanal... A esta condición fronteriza de viajero entre soportes e instituciones y autor de un hábeas que desafía toda definición, se une la tradicional cortina de humo esparcida sobre su figura por Marker, un artista cuyo mismo nombre es un seudónimo y que tiende a reinventar su biografía como se remonta una película. Lo poco que se sabe de Marker, el hombre, se basa en rumores certificados (Print the legend!). Nació en París o en Mongolia. Quizá proviene de otro planeta. O del futuro, como alguno de sus personajes, aunque es más exacto pensar en él, como dijo alguien, como un hombre del siglo XVIII y del XXII a un mismo tiempo. Le gustan los gatos, las lechuzas y algunas causas políticas. No se deja fotografiar o manda cuando le piden la foto de su gato. Prefiere que su obra se vaya descubriendo poco a poco, a partir de un círculo selecto de iniciados que se transmiten el secreto e inagotable atractivo de obras como Sans Soleil, una de las puertas privilegiadas para penetrar en un universo cinematgráfico y poscinematográfico lleno de pasajes -pasadizos interconectados, más bien- que inventó hace tiempo el hipertexto antes de que tal concepto existiera.

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