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BZ

Altet, Miguel Ángel

Bonneville. Pleigos de teatro y danza, 67

¿Cómo sobrevivir a la catástrofe? Hay acontecimientos en una vida que desembocan en algo muy parecido a un siniestro. Apenas hay marcas ni cicatrices visibles, pero sí órganos seriamente dañados. En ese estado, uno desearía abandonar el juego definitivamente. Pero acabas desarrollando estrategias, provocando pequeñas catarsis, a costa de mear vino de mesa y manosear, manoseársela como un bebé. Es el monólogo de un hombre con cincuenta años a las espaldas, donde se mezclan lo personal y lo ficticio. Bonneville reúne el diario íntimo (o la lista negra). Por momentos parece el manual del anacoreta, que se desea a sí mismo, post-humano. Hay un diálogo a destajo con algunas líneas pesimistas de sobra conocidas (Bernhard, Céline, Cioran) y retazos de una banda sonora -a veces punk, a veces sentimental- unida a las constantes vitales. Las acciones físicas por las que el cuerpo amplía la dramaturgia, así como las imágenes, pretenden algo de justicia poética sobre la vida, que, como dijo un sabio, se parece más bien a la mala literatura.

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