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Tiqqun

Esto no es un programa

07.07.2014
Hay en todos los textos de Tiqqun la misma sensación de expulsión del estado amniótico. Reubican nuestro lugar en el mapa. Pero más allá de las consignas subversivas en revisión wild thing del situacionismo, lo que hace reconocible a Tiqqun respecto al resto de facciones contestatarias urbanas es el aura estética de su discurso. Un enjambre guiado por la belleza del propio gesto de la insurrección. Reconocemos su icónico argumentario tras las antorchas.

Tiqqun supone la puesta en práctica de un proyecto más anímico que proposicional. El recurso de la filosofía como violencia. Incluida la superación de la lucha de clases.

«La conflictividad histórica ya no enfrenta a los grandes bandos morales, a dos clases, los explotados y los explotadores, los dominadores y los dominados, los dirigentes y los trabajadores, entre los cuales, en cada caso concreto, resultaría posible elegir […] Un proceso revolucionario puede desencadenarse en cualquier punto del tejido biopolítico, a partir de cualquier situación singular que produzca la ruptura de la línea de fuga que lo atraviesa. En la medida en que se producen tales procesos, tales rupturas, aparece un plano de inmanencia común, el de la subversión antiimperialista».

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