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Pierre Guyotat

Edén, Edén, Edén

18.08.2020
Ante Edén, Edén, Edén de Pierre Guyotat nos encontramos ante un artefacto literario difícilmente definible ya que, como apunta Roland Barthes en uno de los tres prólogos del libro, éste es un texto «libre de todo sujeto, de todo objeto, de todo símbolo». Toda clasificación, adjetivación o tentativa de calificación se convierte en un mero rodeo que no hace sino demorar el momento de enfrentarse a esta obra absolutamente salvaje, cruda y utópica.
 
En Edén, Edén, Edén, Guyotat hace descender al lector a un territorio repulsivo, crudo, sórdido y, ante todo, inmundo. El Edén que recrea el autor en este libro no es cielo ni infierno, ni siquiera es una búsqueda de ese estado originario aunque todo lo que emerge en las diferentes escenas (personas, animales, fluidos, naturaleza o materia inerte) parece tender hacia una pre-historia. No, el Edén de este libro es un reino «de este mundo» en el que los instintos se encuentran en un más allá del principio de placer y la transgresión no es, como en el Edén bíblico, motivo de expulsión sino que aquí todas las acciones se sitúan en otro más allá, el del bien y del mal.
 
Con la publicación de Edén, Edén, Edén, la editorial Malas Tierras se consagra como una de las editoriales imprescindibles en castellano ofreciéndonos, con un trabajo de traducción y epílogo soberbios a cargo de Rubén Martín Giráldez, la edición de esta obra (tan controvertida como celebrada en su momento de aparición) de la que este 2020 se celebra su cincuenta aniversario.
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