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Pablo Martín Sánchez

Fricciones

29.11.2011
Érase una vez un joven nacido hace 34 años en algún lugar cerca de Reus, que se pasó la secundaria tomando apuntes con lápiz mientras coleccionaba todo lo coleccionado y por coleccionar: cajas de cerillas, cubos de rubik, ceniceros, lámparas de noche, libros; que estudió Arte Dramático, Teoría de la Literatura y, de paso, Literatura Comparada; que investigó desde Lille sobre el Oulipo y sobre el hipertexto, mientras soñaba con cuentos que sí había escrito y esbozaba novelas patafísicas y totales; y que un día, no hace mucho, publicó, en la pequeña pero prestigiosa editorial e.d.a., su primer libro, FrICCIONES, un compendio de relatos metaliterarios, polifónicos, autofictivos, laberínticos e hipertextuales que, lo pongo en negrita porque este editor de textos no tiene la opción de subrayado, no tienen desperdicio.

Dividido en tres bloques –que van de los Roces a los Abrazos, pasando por unas muy perceptibles y ávidas Caricias– según sea la intensidad y el grado de ‘fricción’ de las historias que allí se contienen, por FrICCIONES deambulan personajes de todo tipo: felices suicidas, niños enamorados, profesores universitarios, actores de teatro, tipos vulgares, poetas vocacionales, científicos locos, transeúntes pensativos, dentistas endiablados… Hasta Roberto Bolaño y Rodrigo Fresán se convierten en personajes literarios en esta hilarante suma de pequeñas joyas narrativas que, al menos en mi caso, me atraparon desde la primera a la última página.

FrICCIONES establece, como su propio título indica –rindiendo homenaje y al mismo tiempo tomando distancia del mítico libro de Borges-, muchos vasos comunicantes con otras escrituras: desde el Italo Calvino de Si una noche de invierno un viajero al Perec de La vida instrucciones de uso, desde el Cortázar de Rayuela al Monterroso del prólogo que nos introduce en el libro, desde el lúcido decir infantil de algunos cuentos de Aira y Lamborghini hasta la irónica erudición y el juego metafísico del autor del "Aleph", muchos son los escritores y los textos con los que dialogan, siempre de modo sutil y con refinada inteligencia, los cuentos de  Pablo Martín.

Para cerrar esta breve reseña, pues si me extendiera más correría el riesgo de terminar desvelando tramas y subtramas que sólo pueden ser leídas con detenimiento por parte del lector, copio aquí el epígrafe que abre FrICCIONES, una breve frase que Martín atribuye a Samuel Butler pero que sin embargo él, siguiendo la tónica del resto del libro, ha tergiversado como mejor le ha convenido –literariamente hablando: “El pollo (la gallina, diría Butler) es simplemente la manera que tiene el huevo de hacer otro huevo”.

Pues lo dicho: esperemos que, tras este delicioso huevo, este joven gallo que es Martín nos cocine, ahora, una gran tortilla. Estoy segura que pronto volveremos a oír de él. Si no, tiempo al tiempo.

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