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Marina Garcés

Filosofía inacabada

21.12.2015
 
«Quizá el principal compromiso de la filosofía, hoy, sea inacabar el mundo.
(...) No se trata de salvar al mundo y a la humanidad, sino de hacer un mundo vivible y a la humanidad capaz de tomar en sus manos esta apuesta. Percatarse de la propia debilidad e impotencia, como decía Epicteto, es el primer paso para ello. Solo desde la vulnerabilidad compartida puede lanzarse una potencia del pensamiento capaz de librar esta difícil batalla.»


Lo único que parece posible sentenciar en nuestro tiempo es la certeza de que nuestro mundo es un mundo con fecha de caducidad. Un mundo finito, con un presente que avanza inexorable bajo la amenaza de su propio agotamiento. Y es en este nuevo paradigma donde se sitúa la pensadora Marina Garcés para lanzar su propuesta filosófica con el fin de «aprender a pensar y a vivir la finitud desde la amenaza de un final». ¿Puede esta amenaza englobar el reto de la filosofía de nuestro tiempo? Si como afirma la autora, el discurso filosófico se ocupa de problemas para los cuales es necesario forjar conceptos nuevos acordes con los eventuales contextos históricos, sociales, culturales y políticos, es necesaria, por tanto, una filosofía inacabada, un pensamiento que se rebele contra su finitud y contra sus propios límites.
La propia naturaleza de la filosofía se impone como una vía ante la imposibilidad de discernir el sentido de la existencia humana, y con ello, también, como una verdad orientadora, una propuesta de vida. Como afirma Garcés, «quizá el principal compromiso de la filosofía hoy sea inacabar el mundo». Ser consciente de la propia debilidad. Esta esencia de la filosofía, que la funda, continúa siendo para la autora el principio de un proyecto de pensamiento transformador a nivel individual y también, desde el punto de vista de una razón común, bajo esta igualitaria «vulnerabilidad compartida», un punto de partida desde el que librar la batalla del presente. 

El libro se divide en dos partes. En la primera, la autora cuestiona el historicismo y apuesta por un «ambientalismo filosófico» que preserve la variedad de ecosistemas sociales y personales y sus formas de pensamiento fuera de los límites académicos. Garcés también carga contra la mundialización estandarizada de la filosofía.
Es importante preguntarse quién y qué piensa; es necesario reivindicar que las voces precarizadas de la filosofía (y no solo las de los hombres blancos occidentales) se incluyan e influyan tanto en la esfera pública como en el circuito académico. De ahí el cuestionamiento de la unicidad del conocimiento, que requiere una perspectiva nueva desde la que construir sistemas de pensamiento nuevo.
La segunda parte del libro es, en palabras de Garcés, «una caja de herramientas», el recurso a los grandes filósofos del siglo XX permite presentar planteamientos y problemas para pensar esta filosofía inacabada, su pensamiento continúa hablándonos de nuestro tiempo.
 
«Desde ese cuerpo a cuerpo del pensamiento con nuestros propios límites la pregunta no puede ser ¿cómo aún filosofar?, sino: ¿cómo no filosofar? (...)
Simplemente es inevitable, siempre que estemos dispuestos a percibir y a querer nombrar la distancia entre nosotros y el mundo.»

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