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Eduardo Halfon

Canción

21.02.2021
Quien haya leído Duelo, Monasterio, Signor Hoffman o cualquiera de los libros recientes de Eduardo Halfon reconocerá en Canción un cierto aire de familia: están algunos de sus recuerdos de infancia ya contados en otros libros, por supuesto, las historias de sus ancestros de origen polaco y libanés que huyendo de los nazis fueron a parar a Guatemala, no faltan los motivos de la tradición judía que de tanto en tanto aparece por aquí o por allí; pero sobre todo el lector reconocerá ese tono suyo tan peculiar: un narración que parece no venir de un principio ni dirigirse a un final, un mosaico de historias que se entrelazan con gran delicadeza, la voz del autor que en primera persona actúa como hilo conductor sin que por ello uno pueda decir que ocupa el papel de protagonista.

Esta vez el telón de fondo es la violencia que ha desangrado al país centroamericano durante las ultimas décadas. Halfon comienza narrando los recuerdos del secuestro, a finales de los años sesenta, de su abuelo, un próspero comerciante de origen libanés, por un grupo guerrillero de izquierda; pero el detalle singular es que el autor inicia su relato en Tokio, en un Congreso de literatura al que le han invitado como escritor libanés: para presentarse, comienza contado historias de su abuelo, que en realidad era sirio, puesto que Líbano no existía como país cuando el abuelo Halfón abandonó el levante mediterráneo. Con estos equívocos, cruces, matices y tanteos avanzan las historias de Halfon. No es una aproximación a la Guerra Civil guatemalteca lo que le interesa, aun cuando no elude contar su terrible crueldad. Más bien, se acerca de manera indirecta, fragmentaria; a Canción o a Rogelia Cruz, los guerrilleros que secuestraron a su abuelo, sus conflictos y contradicciones, llega a través de episodios menores, apenas anécdotas que recoge en relatos breves, cada uno por sí mismos posee una gran intensidad y belleza.

Logra aproximarse a un asunto tan complejo y dramático como la violencia desgarradora de una guerra con miles de víctimas con una mirada llena de suavidad e ironía. Sobre ese paisaje tan cruel, que también es el de su infancia, Halfon continúa desplegando su literatura: un collar de relatos breves que parecen encadenarse sin cesar, siempre regresando a los mismos lugares de los que proviene para alejarse nuevamente, antes de haber concluido del todo, sin dejar de hablarnos en ningún momento de su desarraigo y su desconcierto.                      
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