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Editar las confesiones de un alma nerviosa

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave

03.06.2015

Hace poco un amigo editor me comentaba que se disponía a leer el manuscrito del nieto de uno de los personajes más emblemáticos de todo el siglo XX. ¿Cómo hacer ­–se preguntaba– para evaluarlo por sus propios méritos, sin que la lectura fuera contaminada por el hecho de saber que se trataba de un personaje altamente mediático? O, para decirlo de otra manera, el editor con determinado gusto literario debía tomar su propia decisión sin escuchar al editor avaricioso, para quien el linaje del autor se traduciría inequívocamente en ventas. En el caso de Nick Cave, el asunto adquiría para nosotros una complicación adicional: ¿cómo evaluar su manuscrito –ya no digamos sin saber que se trata de una de las estrellas del rock más fascinantes en la actualidad– sin escuchar su lúgubre poesía musical en la cabeza mientras se avanza en la lectura? ¿Es posible separar al Cave que escribe del Cave que hechiza con su música? ¿Es siquiera imaginable rechazar un libro de Nick Cave?
      
      Por suerte, desde el comienzo de la lectura del manuscrito que se convertiría en el libro La canción de la bolsa para el mareo, quedó del todo claro que era un libro con méritos propios, interesante por razones obvias para todos aquellos que disfruten de la música de Nick Cave, pero igualmente interesante para todos aquellos interesados en los misterios de la composición artística; o para quienes quieran apreciar el contraste entre un ser humano frágil, inseguro, que extraña a su familia y cae enfermo de gripe, que mediante una inyección de esteroides se transforma de pronto en «una deidad» capacitada para alimentar la avidez de un público que para adorarlo le exige como condición principal que deje de ser él mismo durante un par de horas. Y es que La canción de la bolsa para el mareo se lee como un remix de poesía, canciones, recuerdos y miedos, donde realidad y fantasía se mezclan hasta ser indistinguibles, con viñetas donde el mismo Nick Cave se convierte en un fan anonadado al escuchar un elogio hacia su música, proveniente nada menos que de Bob Dylan. Es, para decirlo con sus palabras, la puesta en escena por escrito de «un sistema nervioso que se alimenta de rimas y fantasmas».

            En la reciente Feria de Londres, la editorial inglesa de Nick Cave, Canongate, organizó una lectura pública de algunos pasajes del libro. Al final tuvo lugar una sesión de preguntas con el público, donde un escritor publicado por la misma editorial tomó el micrófono para increparlo, preguntando si estaba pasando por una crisis de mediana edad, y cuestionándolo por incluir en su libro una historia referente a una dragona semimuerta, que parecía sacada de la serie Game of Thrones. Con envidiable parsimonia, Cave le detalló la intención detrás de su escritura, afirmando que su libro era una mezcla de recuerdos, poemas, canciones que intentaba escribir mientras estaba de gira, episodios ficticios que se entremezclan con vivencias reales y, sobre todo, que para él el humor y la ligereza de espíritu eran elementos esenciales. Finalizó su respuesta extendiendo la mano en dirección de su acosador, con el dedo medio extendido, destacando entre el resto de los dedos firmemente recogidos hacia la palma de la mano.
 
 
 
 
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