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La Central de Callao

Ezequiel, de Adolfo Gilaberte 

Mármara

Jueves 26 de octubre de 2017, 19h La Central de Callao
Ezequiel es un hombre sin palabras, porque ninguna palabra dispone del impulso y la fuerza suficientes para atravesar ese mundo de silencio donde la vida le ha situado. Su lugar está en una ciudad sin presente y en el bando de los excluidos, los que miran, aquellos que transitan por túneles y pasadizos de la periferia: para los que la lluvia es la única certeza. A Ezequiel, igual que al protagonista de Un hombre que duerme de Georges Perec, «le queda todo por aprender, todo lo que no se aprende: la soledad, la indiferencia, la paciencia, el silencio».

Adolfo Gilaberte (Madrid, 1971) cuando era niño, el color que más le gustaba era el amarillo; ahora le gustan todos. Nunca ha tenido un reloj de pared. De entre sus primeros cuentos, su favorito era Enero tras otro, años después, ese puesto lo ocupó La brevedad; aunque por motivos más emocionales que literarios. Ha perdido la cuenta de las veces que ha visto Tiburón, El planeta de los simios o Alguien voló sobre el nido del cuco. No le habría importado tomarse un brandi con Bram Stoker, compartir una pipa de opio con Poe o ser la nariz de Virginia Woolf. Ezequiel es su primera novela. Hasta hace poco no sabía que existe una palabra para nombrar esa hora de la noche en que todo está en silencio: «conticinio». 

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