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Rodoreda, Mercè

La mort i la primavera. Rodoreda per Villaronga

Disponibilidad
  • La Central de CallaoPor confirmar
  • La Central en F. MAPFREPor confirmar
  • La Central del Museo Reina SofíaPor confirmar
  • La Central del MUHBAPor confirmar
  • La Central del MACBAPor confirmar
  • La Central del RavalPor confirmar
  • La Central (c/Mallorca)Por confirmar

A principis dels anys noranta, el director de cinema Agustí Villaronga va intentar rodar una adaptació de la darrera novel·la de Mercè Rodoreda: La mort i la primavera. El mateix Villaronga va fer-ne el guió i es va dur a terme un llarg treball de producció sota la direcció de Teresa Enrich: localitzacions per valls, muntanyes i rius de les rodalies de Sort (Noguera Pallaresa), l’storyboard, una acurada documentació per fer el vestuari, decorats i atrezzo, fins i tot es va donar a conèixer un repartiment que aniria encapçalat per Victoria Abril i Casto Sendra “Cassen” i també comptaria amb José Sazatornil “Saza”, Xesc Forteza, Rafael Anglada, David Sust i Gunther Meisner (protagonistas els dos últims de Tras el cristal) a més de personatges marginals com disminuïts psíquics i esguerrats...

Els problemes de finançament van fer fracassar el projecte. Ara, vint anys després, i com un dels darrers actes per celebrar el centenari del naixement de Mercè Rodoreda, fins el 3 de maig es pot visitar a La Virreina Centre de la imatge una exposició que mostra part d’aquell treball preparatiu.

-Rodoreda, Mercè

Escritura impúdicamente moderna, al ubicarse en todo momento en el ámbito de la reflexión sobre la condición humana, la obra de Mercè Rodoreda se constituye como uno de los cimientos más bien trabajados de lo que años más tarde se conocerá como el proyecto posmoderno. Sin estar incluidos en él, sus cuentos y sus novelas no dejan de predecir la situación del sujeto contemporáneo, vale decir, la de un "yo" contradictorio, frustrado y roto que ha dejado de ser, queriéndolo o sin quererlo, el centro y señor del universo.
Si hay algo que Rodoreda quiere transmitir con sus obras es, pues, la manera como son, sufren, gozan y aman las mujeres, convirtiéndose éstas, consecuentemente, en la voz narrativa de prácticamente todas sus historias: Aloma, La plaça del Diamant, El carrer de les Camèlies, Jardí vora el mar o Mirall trencat pueden servir como ejemplo paradigmático de ello. Aloma, Natàlia, Cecília Ce, Armanda y Teresa Goday se reflejan en el espejo rodorediano no sólo como mujeres, sino también, y sobre todo, como personajes en crítica transformación, en traumática metamorfosis. A menudo espectadoras activas de la liquidación de los ideales que en otros tiempos habían sustentado sus mundos respectivos, esta especie de heroínas trágicas deambulan por los jardines, las mansiones, los palomares y las calles como almas en pena, resignadas a vivir en un mundo desprovisto de sueños. Parece como si aquel "em rebel·lo contra la vida com si no hagués d'acabar-se mai" de Benjamí Constant, que encabeza el décimo octavo capítulo de Aloma, fuera desmigajándose dramáticamente a medida que la soledad, los engaños, la guerra y la sombra de la muerte se cerniesen inexorablemente sobre la beatitud de la infancia, ya para siempre irrecuperable, de todas las mujeres que, desde Penélope, han habitado la historia de Occidente y que, en el caso que nos concierne, se esconden, asustadas, entre las líneas rodoredianas.-


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