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Recorridos

¿Adónde nos llevas, Internet?

Contaba Morozov, gurú de la desilusión digital, que cierta universidad americana había desarrollado una herramienta que permitía a usuarios de países donde existía censura digital conectarse a la red gracias a la ayuda prestada por usuarios de otros países, que ofrecían la conexión de sus terminales como si de vientres de alquiler virtuales se tratara. La emoción era total.

La utopía digital, la democracia suma, una tupida red ciudadana universal cogida de la mano luchando contra los gobiernos opresores y cantando el Cumbayá. ¿Para qué usaron finalmente, en este caso los chinos, Internet? Pues para descargar porno, como todo el mundo. No salvaban los bosques tropicales ni buscaban curas contra el cáncer. No: porno y fotos de gatitos. "Al final del camino de la búsqueda de la sofisticación tecnológica parece haber una casa de juegos donde la humanidad retrocede hasta el jardín de infancia", disparaba Lanier, otro neoludita.

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