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​Richard Flanagan

El libro de los peces de William Gould

22.04.2017
Sid Hammet, un falsificador de muebles antiguos de Tasmania, descubre un viejo libro raído en el interior de la vieja fresquera de una trapería: El libro de los peces de William Gould. El volumen despide un leve resplandor púrpura, preludio de la fascinación que va a ejercer la lectura obsesiva en su nuevo dueño, hasta el punto de que este será capaz de reproducirlo página por página cuando desaparezca de su vida con la misma facilidad con la que lo encontró. El libro parece una descripción catalogada de una serie de peces, pero leyendo entre líneas aparece otra historia, la verdadera historia que escribió William Gould escondida entre sus peces dibujados.

En 1828, el médico del penal de la isla de Sara, en la Tierra de Van Diemen (Tasmania) ordenó al preso William Gould que pintara todos los peces capturados en el lugar. William Gould, condenado a cadena perpetua por falsificador en Bristol, aprendió el oficio de un pintor de pájaros. Siente horror por los peces que llegan a él solos y atemorizados para acabar muertos, asados y comidos; tiene pesadillas en las que se imagina en medio del océano y sus sueños son de evasión. Esta imposición que comenzó como una orden, se convirtió en un acto de amor, y entre sus dibujos de peces, William Gould pudo insertar furtivamente fragmentos de su vida y de las personas con las que compartió infortunio, así como del funcionamiento del sistema penitenciario, sus torturas y de la imposibilidad de salir de la rueda carcelaria cuando uno ya ha ingresado en ella. En esa época, los presos tenían absolutamente prohibido escribir ningún tipo de diario, y estos peces permitirán a Gould dejar su testimonio, escrito con las tintas más variopintas e improvisadas, a las generaciones del futuro.

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