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​Pierre Lemaître

Recursos inhumanos

05.04.2017
«Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la  mentira» afirma Maquiavelo en El Príncipe. Para Alain Delambre todo vale para entrar de nuevo en la rueda de la vida laboral.

La fusión de empresas está a la orden del día, todos los días leemos noticias al respecto y pensamos que es algo que les pasa a otros. Bien, pues a Alain le toca de lleno, y de ser un prestigioso directivo de Recursos Humanos de una empresa importante, pasa a tener que buscarse la vida con empleos basura. Trabaja en una pequeña empresa filial de las farmacéuticas de París y su superior le patea la dignidad a la mínima de cambio. Por lo menos en lo afectivo cuenta con el cariño de su esposa y con la compasión de sus dos hijas. Sin embargo, necesita volver a ser el pater familias de siempre; se lo debe a ellas, se lo debe a sí mismo.

Quién sabe, quizá el haberse quedado sin trabajo a una edad ya avanzada, después de haberle partido la nariz a su jefe, propicie que lo siguiente que venga tenga que ser mejor a la fuerza. Cuando una empresa importante a nivel nacional considera su currículo, Delambre invertirá todo su esfuerzo y dinero (y el que no es suyo) en obtener ese ansiado puesto de trabajo. ¿Que la prueba de selección consiste en un simulacro de toma de rehenes, en una especie de juego de rol? Bueno, no pasa nada, vamos a pasar a la acción. Toda investigación y aplicación de management es poca para que nadie le arrebate «su» nombre de la placa del despacho.

Alain se irá adentrando en «el corazón de las tinieblas» (con permiso de Joseph Conrad) y apartará de su camino todo factor emotivo o incontrolable. Como un jugador adicto al riesgo y a la adrenalina, para él solo cuentan las probabilidades y estadísticas que le permitan alcanzar la meta.

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