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Los curiosos impertinentes

Sobre materiales, alimentación y consumo

18.06.2017
La curiosidad es el principio que impulsa a nuestra especie a la acción. Algo común a todos los primates, por no incluir a todos los mamíferos, a todos los bichos y plantas. La curiosidad humana es lo que nos lleva a preguntarnos cómo funcionan las cosas, qué hay detrás de las apariencias, cómo podríamos cambiar nuestro entorno. La curiosidad sin coerción llevó al triunfo al paradigma científico o, lo que es lo mismo, a no conformarnos con la respuesta más cómoda.

Y aquí propongo a cuatro irremediables curiosos que también padecen el dichoso afán de compartir sus hallazgos. Ninguno de ellos se ha conformado con una explicación brumosa de la realidad, y ha ido hasta el fondo en sus investigaciones
.
El primero de ellos es Mark Miodownik, un ingeniero oxoniense que analiza los principales métodos de producción de los materiales más comunes que nos rodean, desde el acero al chocolate, del papel al plástico. Cada capítulo está dedicado a un material, cambiando la perspectiva de abordaje. Sensible, documentado y excitante, nos hace reflexionar sobre nuestro entorno.

Los otros tres tienen en común que su curiosidad les ha llevado a investigar el mundo de la alimentación y las falacias de la gran industria.

Christophe Brusset ha sido durante años alto directivo de las más importantes industrias francesas de manipulación de alimentos. Ha trabajado allí hasta que otra de las características humanas, la conciencia, le ha llevado a compartir todos sus conocimientos, sus experiencias y sus denuncias. ¡Cómo puedes comer eso! es un libro agil y muy divertido, pese a lo dramático de la situación, y un arma eficaz en manos de un consumidor inteligente.

Philip Lymbery no entendía cómo es posible que la carne que consumimos sea tan barata. Por una parte investigó los efectos primarios que la producción industrial de esta carne conlleva: contaminación ambiental por desechos de las granjas, problemas sanitarios por la escasa calidad, necesidad de recurrir continuamente a productos de hidrocarburos fósiles, injusticias sociales en la mano de obra… Todos estos efectos, que pagamos con nuestros impuestos, hay que sumarlos a lo que pagamos en el supermercado. Por otra parte, indagó en las condiciones de la carne cuando todavía es parte de un animal vivo, en cómo tratamos a esas especies que comparten con nosotros el planeta y cómo arrasamos el planeta para alimentar esa carne.

El último del cuarteto es el enorme Michael Pollan. En este libro, todo un clásico, que ahora reedita Debate, remueve hasta la última brizna de hierba para hablar con granjeros de todo tipo de EE.UU. Un libro magistral, apasionante, en el que la trazabilidad de algunos de los alimentos más consumidos se convierte en una aventura de reflexiones antropológicas, políticas y sociales.

Pues nada, miremos las etiquetas y pensemos que nuestra curiosidad nos llevará a una sociedad más esforzada y más justa.

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