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Lawrence M. Krauss

La historia más grande jamás contada… hasta ahora

21.02.2017
Cuando la realidad supera la realidad no bastan las palabras ordinarias. Sobre un corpus bíblico que va de Génesis al Apocalipsis, Krauss repasa la historia de la física apoyándose en alegorías filosóficas, gráficos campechanos y guiños literarios. El recurso a la luz como doble metáfora que ilumina y proyecta sombra, preside un relato en el que conviven todos los gigantes a cuyos hombros Newton dijo subirse para la formulación de sus leyes. El progreso del conocimiento científico  sería inviable sin el diálogo que la ciencia mantiene consigo misma. Estudiar la tradición es, por tanto, un ejercicio obligatorio para la apertura de horizontes que perfeccionen lo heredado, pero se antoja insuficiente para adecuar descubrimientos que atentan contra la lógica predictiva.

En los años veinte, los laboratorios eran un hervidero del que surgió la mecánica cuántica. El comportamiento impredecible de las partículas subatómicas supuso una amenaza a la invariabilidad de las leyes de la física clásica. Bohr se enzarzaba con Einstein. Luego llegaron Dirac, Pauli, Feynman, Dyson, Mills, Yang y Higgs, entre otros, para paliar la incertidumbre, para seguir empujando.

Krauss afirma que ser científico es descubrir una cara inédita de la naturaleza, pero también convivir con una incomodidad de la que nos hace partícipes, y sin la cual se obstruiría la intuición teórica y la posibilidad de hallazgo experimental. Asimismo, nos recuerda que «la falta de comprensión no es prueba a favor de Dios, ni prueba de estar necesariamente equivocado, solo es prueba de falta de comprensión».

Leer este ensayo es observar en movimiento un metraje que aún no ha terminado; narración prolija que, en su inconclusión, nos salva del delirio de tener respuestas para todo.

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