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Karl Ove Knausgard

Tiene que llover (Mi lucha: V)

17.06.2017
De nuevo Knausgard. En esta entrega, la quinta, de la reconstrucción de su vida, con su mala leche, su atormentado ego y su absoluta crudeza, nos atrae y arrastra hasta lo más hondo de su intimidad.

A los veinte años se instala en Bergen para cursar estudios en la Academia de Escritura, prestigiosa institución donde solo algunos escogidos logran ingresar. Con toda la ambición y cargado de ilusiones, llega a su nueva ciudad lleno de optimismo para empezar esta nueva etapa de su vida. Pero pronto se topa con su propia ingenuidad, su inmadurez y su ansiedad, que le impiden encajar socialmente, de modo que queda envuelto en una íntima sensación de fracaso y de engaño. «Yo sabía tan poco, deseaba tanto... y no lograba nada».

Con una prosa directa, rápida, desnuda y minuciosa, nos revela las más íntimas batallas entre sus desesperadas ganas de caer bien y tener amigos y la arrebatadora tendencia a la  transgresión y el desprecio, entre su obsesiva introversión y las exuberantes ganas de beber y emborracharse hasta perder el sentido, entre un abnegado y delicado amor y el desaforado deseo sexual. Explora –con una sinceridad inusual– el sentido de la vergüenza, el tormento y el extravío, su obsesión por analizar cada cosa que hace, piensa o siente, cada actitud y cada mirada, y penetra hasta lo más hondo para sacarlo todo a la conciencia. Y por encima de todo, busca reconocimiento y admiración.

De nuevo sus palabras: «El estado de ánimo está en todo, pero no es nada en sí, no es más que un color en el que los pensamientos se piensan, un color por el que se mira el mundo».

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