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Karl Ove Knausgård

La isla de la infancia

14.05.2015
Tercera entrega de la autobiografía compuesta por seis novelas a la que su autor denomina Mi lucha; cada nuevo volumen de estas memorias, «un ejercicio tan introspectivo como liberador», nos deslumbra por la dimensión monumental de este proyecto de búsqueda personal tan impactante y ambicioso, en el que desde las primeras páginas del primer volumen se explaya sin piedad sobre sí mismo y sobre los que le rodean, sin miedo a mostrar el descontrol emocional que sufre, pues quizá más miedo le produce no lograr calmarlo.

Tras La muerte del padre y Un hombre enamorado, llega ahora a nuestras manos La isla de la infancia.
Esta tercera entrega se nos presenta escrita con un lenguaje y una estructura más simple y episódica, que ayuda a recalcar la perspectiva vital de un niño. El lugar: estamos en Tramoya, en la costa sur de Noruega; la época, la niñez durante los años setenta. Esa infancia en que la casas, el colegio, el mar, el monte, los amigos, las chicas, el hermano, la madre y el padre, todo supone un reto lleno de emociones frenéticas y de temores crecientes: una infancia ansiosa y aterradora.
Empieza Knausgård presentándose en su cuna para luego rememorar su niñez, cuando enfrentarse al primer día de escuela puede resultar tan emocionante como paralizador, cuando el ritmo del día a día lo marca el humor y las decisiones de sus padres (la madre benévola, cálida y tranquila, el padre impaciente, intransigente y cruel), cuando éxitos y fracasos flagelan con especial intensidad, cuando rezuman los sentimientos desbordados, cuando el aprendizaje es constante y la vitalidad, inagotable.

La isla de la infancia es un libro sobre la familia y la memoria, y sobre los abismos que separan los sueños infantiles de la realidad adulta. Knausgård ha creado una historia universal sobre la lucha diaria que todos sostenemos a lo largo de nuestras vidas, el odio o la estima que despertamos en los demás y las a menudo abismales diferencias entre cómo se considera uno a sí mismo y el modo en el que los demás le ven.
Knausgård escribe sobre Knausgård, con brutal franqueza; exaltando sus logros y capacidades pero sobre todo purgando las frustraciones de su matrimonio, del trabajo, de las relaciones familiares, escolares y de amistad. Una prosa obsesiva con la que hace emerger el escenario de su memoria, donde perviven episodios traumáticos, ansiedades, pretensiones. Haciendo uso de una narrativa visceral, de inmersión, para conjurar la intensidad con que se vive y sueña. Una prosa que lacera con retales de recuerdos y transmite la excitación que existe en lo recóndito de la memoria y el sentir. Y aquí se abriría la cuestión del papel que juega en la creación literaria la frontera entre la ficción y la realidad, qué grado de invención tiene la memoria y viceversa.

Termino con un interrogante por si da pie a alguna aclaración: la inevitable pregunta por el título general del proyecto: ¿por qué el título Mi lucha le parece al autor adecuado si su resonancia siempre será de espanto?, ¿qué pretende haciendo uso de este doble sentido?, ¿asume alguna intención provocadora?
Ahora ya solo debemos tener la paciencia suficiente para esperar la publicación de los tres volúmenes restantes. Ruego al editor que acelere su publicación tanto como le sea posible.

 
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