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Entrevista a Adrian Tomine

06.04.2016
Adrian Tomine nació hace cuarenta y un años en Sacramento y vive en Brooklyn con sus dos hijas y su mujer. Hijo de profesores universitarios, empezó a autoeditar su propia revista a los dieciséis años. La llamó Optic Nerve y en el quinto número el rey Midas del cómic indie, Chris Oliveros, la incluyó en el catálogo de Drawn & Quarterly cambiándole el formato. Desde entonces hasta este último Intrusos, editado en España por Sapristi, Tomine ha ido ganando adeptos con recopilatorios como Sonámbulo, Rubia de verano o Shortcomings. Tres volúmenes semiautobiográficos en los que Tomine habla de soledad, de fragilidad y de neurosis urbana de manera calmada y sutil, con un trazo minimalista que potencia un mensaje de vacío y de incertidumbre. 

En 2002 Dave Eggers incluyó una de las historias del octavo número de Optic Nerve en The Best American Non-Required Reading y de este modo el gran público lo coronó como uno de los mejores retratistas de las luchas, las debilidades y los fracasos de la clase media norteamericana. Su refinada y algo desoladora interpretación de la condición humana y sus ilustraciones aparentemente sencillas pero cargadas de subtexto, le han convertido también en uno de los ilustradores de cabecera del New Yorker.

Desmontando el mito de su reclusión mediática y gracias a su editor en España, pudimos hablar con él sobre su trabajo y hasta nos atrevimos con preguntas más personales. No nos las contestó todas, pero pocos de sus personajes lo hubieran hecho de otra manera. 

Sílvia Aymí: ¿Eres consciente de las veces que se relaciona tu nombre con el de Raymond Carver o el de Todd Solondz? 
Adrian Tomine: He visto ambos nombres mencionados en críticas de mi obra en el pasado, aunque no soy consciente del número exacto de veces que esto ha ocurrido. 

S.A.: Como licenciado en literatura inglesa, ¿crees que estás más cerca de algún otro escritor que de Carver?
A.T.: Claro, pienso que la influencia de otros dibujantes es más evidente en mi obra que la de cualquier otra persona. Como te dirán la mayoría de escritores de ficción contemporánea, si escribes historias cortas de una forma directa sobre personas no extraordinarias, alguien finalmente lo comparará con Carver.

S.A.: ¿Es verdad que hiciste tu primer cómic a los dieciséis años para no tener que socializar con tus compañeros de instituto? ¿Fue el primer Optic Nerve?
A.T.: ¡Has invertido la causalidad! Empecé a dibujar cómics porque fracasé en socializar con mis compañeros. Sin duda hubiera preferido estar yendo a fiestas y teniendo citas. Sólo dibujaba porque no tenía nada mejor que hacer. Y sí, fue alrededor de este momento cuando empecé a armar la primera encarnación de Optic Nerve

S.A.: En las últimas páginas de los primeros Optic Nerve se reproducían cartas que algunos lectores te escribían. ¿Sigues en contacto con alguno de ellos?
A.T.: Sí, hay gente que me ha estado escribiendo durante muchos años e intento responder tanto como puedo. 

S.A.: He leído que has cerrado «Hortiescultura» para evitar esta pregunta, pero es inevitable. ¿Por qué tantos finales abiertos? 
A.T.: El único «cierre» realista y definitivo al tipo de historias que escribo sería que murieran los personajes, y parece un camino a seguir bastante sombrío. 

S.A.: Además de este final cerrado, en este último trabajo hay cierta experimentación narrativa y gráfica. Distintas disposiciones por página, color y blanco y negro en una misma historia...
A.T.: Sí, me quería aproximar a cada historia de una manera distinta, en gran parte como resultado de estar encerrado en un estilo de dibujar y escribir muy específico en Shortcomings

S.A.: Leí en una entrevista para The Guardian que todos los escenarios de Rubia de verano son reales y están dibujados cuidando minuciosamente cada detalle. ¿Qué ha cambiado para que eso ya no sea una prioridad para ti? 
A.T.: Las historias en Rubia de verano ocurrieron en ubicaciones reales y específicas. Por otra parte, las historias en Intrusos ocurren en algo parecido a una versión de California de mis sueños y recuerdos. No hay ninguna razón por la que no pueda volver a ese tipo de fidelidad en los escenarios en un futuro proyecto, si fuese necesario. 

S.A.: Me llamó la atención el cinismo del protagonista de «Vamos, búhos». Si todos tus personajes son un poco autobiográficos, explícame este.
A.T.: Soy demasiado cínico para responder a esta pregunta. 

S.A.: En Instrusos hay un par de artistas fracasados. ¿Tenemos que leer algún tipo de catarsis, ahí?
A.T.: No sé si describiría a los personajes como artistas fracasados. Quizá sería más preciso describirlos como poco reconocidos o menospreciados. Y creo que esta distinción es crucial para estas historias. 

S.A.: ¿A cuál de los personajes de Intrusos mandarías a tomar café con el joven protagonista stalker de Rubia de verano?
A.T.: Para ser sincero, no he leído ninguno de los dos libros desde que los dibujé, ¡por lo que no puedo responder a esta pregunta!

S.A.: La historia Intrusos está dedicada a Yoshihiro Tatsumi y te has declarado admirador de su trabajo. ¿Qué relación tienes con el manga contemporáneo?
A.T.: Desgraciadamente estoy limitado por el hecho de no poder leer el japonés, por lo tanto mi relación con el manga contemporáneo está completamente dictaminada por lo que se traduce. Y la mayoría de lo que veo no me atrae mucho y, de vez en cuando, encuentro algo que me encanta. Pero esto es el caso con cualquier tipo de ilustración, no solo manga. 

S.A.: ¿Qué libros infantiles has compartido con tus hijas?
A.T.: Demasiados para enumerar aquí. Tengo una niña de seis años y otra de un año, o sea que ha habido libros de todo tipo y para muchas edades distintas en casa. Intento no guiarlas demasiado en lo que se refiere al gusto… cosas que me encantaban cuando era pequeño no tienen el mismo impacto sobre ellas y, al mismo tiempo, se vuelven locas por cosas que no puedo ni comprender.

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