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Danielle Collobert

Asesinato

13.11.2017
Si tuviéramos que determinar un momento preciso para la lectura de esta obra, no podría ser otro que el final del día y comienzo de la noche, ese momento cuando el arrebol comienza a desdibujarse del horizonte. La lectura, de esta forma, se conjugaría con el proceso creativo de estas páginas que, como en el texto se nos confiesa, fueron concebidas al comienzo de la noche, cuando el ambiente se envuelve de una suerte de extraña serenidad; cuando el cuerpo y la mente se relajan, se desatan en la oscuridad, y los contornos se difuminan poco a poco. El telón de fondo sobre el que se desarrolla Asesinato puede ser cualquier país, cualquier hogar; no hay resguardo frente a la muerte.

La narración constituye un mar interior donde el agua se abalanza contra los diques. El narrador, o narradores, porque no llegamos a identificarlo con precisión, es a un tiempo la humanidad que no puede pronunciar su nombre, que describe con la crudeza del que admite la muerte como parte ineludible de su existir, una sucesión de estados de ánimo y situaciones en las que se alternan el testimonio atroz, y lírico, de quien es espectador de la guerra, de sus perversiones, ruinas y masacres, con el enfrentamiento a la muerte en soledad.

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