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Carlos Skliar

Escribir, tan solos

14.06.2017
La soledad-hogar, la soledad-patria, la soledad como abismo íntimo al que asomarse los domingos, la soledad demasiado bulliciosa, la soledad que teme el ruido, la soledad que resuena ante la más mínima variación del aire, la soledad castigada, la prohibida, la perseguida, la intervenida, la soledad que disuelve el ego y la soledad que se comparte. 

El gesto de clasificar diferentes tipos de soledad supone una intervención, y por qué no decirlo, una creación en sí misma. Carlos Skliar, como lector activo, y como soñador de soledades, sabe que todas ellas atraviesan nuestras noches en una convivencia salvaje, no siempre luminosa. Su perspicacia radica en que, para definir ese oscuro estado, clasifica. Al reunir a Tsvietáieva, Pizarnik y Blandiana en torno a una soledad que tiembla, o a Bachmann, Bernhard y Char, cuyas soledades libran una batalla desigual con la existencia, Skliar recuerda que los solitarios presentan ciertas solidaridades, aun siendo cada soledad una independencia sufrida o disfrutada, pero siempre en sí misma. Somos interindependientes, y ese es el criterio de Carlos Skliar a la hora de agrupar soledades. 

Con Escribir, tan solos Mármara estrena su colección de ensayos. Aunque no tardará en estar acompañado de otros textos, de momento, por ser el primero, todavía es el único. Si todos estamos solos, los libros y nosotros, nada ni nadie lo está del todo. Cuestión de tiempo, o en su defecto, de criterio. 

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