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B. Groys y H.Steyerl

Colección «Futuros Próximos»
 

05.12.2014
«Futuros Próximos» es la nueva colección de ensayo de la editorial argentina Caja Negra, una editorial conocida, entre tras cosas, por publicar algunos textos de los grandes púgiles del cineensayo, como Kluge, Mekas y Godard, y otros libros sobre música y sonido, como los fantásticos ensayos de David Toop y Simon Reynolds. Centrado en la imagen multimedia, este nuevo proyecto promueve una reflexión en torno a los nuevos medios de producción artística y estética en la era digital. Para abrir la colección, los dos primeros libros que nos presentan son Volverse público, del crítico y pensador alemán Boris Groys, y Los condenados de la pantalla, de Hito Steyerl, artista y ensayista discípula del inextinguible Harun Farocki. ¿Qué es un artista? ¿Cómo puede distinguirse de alguien que no es artista, si es que esa distinción es posible? Estas son algunas de las preguntas que se hace Boris Groys en uno de los ensayos de Volverse público. Una respuesta acertada podría ser que un artista es aquel profesional que desempeña cierto rol dentro del marco del mundo del arte, sin descartar que parte de este rol también puede ser la crítica sobre el propio mundo del arte. En esta nueva era en la que vivimos no solo de consumo estético masivo, sino también de producción estética masiva, hay más personas interesadas en producir imágenes que en mirarlas. Así pues, la tradicional concepción del artista como productor de imágenes y del espectador como simple consumidor pasivo ha cambiado radicalmente. Esto se debe, sobre todo, al fácil acceso a la tecnología e Internet como gran plataforma de distribución a través de sus canales y redes sociales. No resulta difícil colgar un video en Youtube o compartir imágenes en Facebook. Podemos decir, por lo tanto, que existe un giro en el modo de producción artística y en el modo de identificar qué es y qué no es arte. Ser artista ha dejado de ser algo exclusivo y se ha vuelto una característica de la sociedad como totalidad, en su nivel más intimo y cotidiano. Estas ideas tienen su origen en algunos artistas rupturistas de las vanguardias históricas como Malevich y Duchamp. De este modo, aquel espíritu de las vanguardias del siglo XX que buscaba una síntesis entre arte y vida se encuentra actualmente muy presente. No todo el mundo produce obra, sino que todos son obra y se producen a sí mismos como obras de arte. Como dijo Joseph Beuys, «todo ser humano es un artista», es decir, todo ser humano tiene que asumir una responsabilidad estética de su apariencia frente al mundo. 
En Los condenados de la pantalla, Hito Steyerl realiza una suerte de desollado de nuestras actividades en los nuevos medios de producción de imágenes: cómo se distorsionan y multiplican las perspectivas, cómo surgen nuevos modos de visualidad y aparecen nuevas categorías de la imagen. Así, por ejemplo, describe la «imagen pobre», una lumpenproletaria en la sociedad de clases de las apariencias, o la «imagenspam», imágenes que flotan alrededor del planeta rivalizando por captar la atención humana. Además, se produce una brecha de identidad debido a estas apariciones, aumentan las personas sin referentes, así como aumentan las personas sin imagen representada. La tarea debe ser la de participar en una imagen en lugar de, sencillamente, representarse con ella. La imagen ya no es entendida como mera representación, la imagen ahora es una cosa real.